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Agentes de la Policía Nacional ha detenido en Madrid a diez miembros de una banda de atracadores que atracó varios bancos utilizando la red de alcantarillado para acceder y huir de las sucursales, ha informado en rueda de prensa el jefe superior de la Policía de Madrid, Alfonso José Fernández Díez y el inspector jefe de la Policía Judicial de Madrid, Dionisio Martín.

Las investigaciones se iniciaron a raíz de la comisión de una serie de atracos a sucursales bancarias madrileñas en los últimos años en los que los autores accedieron y huyeron a través de la red de alcantarillado.

La metodología llevó a los agentes a analizar de manera minuciosa hechos similares acaecidos este tiempo. De este análisis se obtuvo la identidad de dos personas que podían estar relacionadas con los atracos investigados.

Una vez localizados estos sujetos, los agentes realizaron pesquisas para comprobar su implicación en los hechos y para identificar al resto de los miembros de la banda. Fueron complicadas para la Policía, ya que ningún miembro del grupo delictivo tenía antecedentes por robo, y sólo alguno por drogas.

Fruto de las investigaciones, los agentes fueron identificando poco a poco al resto de miembros del grupo y averiguaron que estaban preparando un nuevo asalto a una sucursal bancaria en el madrileño barrio de Usera.

Tras realizar un seguimiento de los investigados, observaron cómo se desplazaban en varias ocasiones hasta la calle Mirasierra, situado en este distrito. En este lugar accedieron al alcantarillado varias veces tras levantar una de las tapas ubicadas en la vía pública.

ARRESTADOS AL SALIR DE LA ALCANTARILLA

Finalmente, viendo las maniobras preparatorias que estaban llevando a cabo y ante la posibilidad de que cometieran un atraco, se estableció un dispositivo que contó con la colaboración del Grupo Especial de Operaciones (GEO).

Durante el despliegue por la zona, aproximadamente a las 13.55 horas del pasado lunes 26 de agosto, se cometió un atraco en una sucursal bancaria próxima 50 minutos. Los agentes detectaron a cuatro de los miembros de la banda saliendo del subsuelo y a otros cuatro esperándoles fuera.

En ese momento todos fueron arrestados y se les intervino tres armas de fuego, bridas de plástico y cinta adhesiva utilizadas para inmovilizar a sus víctimas, linternas, una palanqueta, una maza con filo y 66.317,40 euros sustraídos en la sucursal. Una de las armas incautadas fue la que robaron a un vigilante de seguridad durante un atraco anterior en el banco Santander.

Los otros dos miembros de la banda fueron apresado posteriormente. Entre los detenidos se encuentran tres mujeres, una de ellas la mujer del cabecilla, que estaba embarazada y que, probablemente por los nervios, dio a luz pocas horas después en el hospital.

También hay un detenido que dijo ser venezonalo y que tiene antecedentes por incumplir la Ley de Extranjería. La Policía está comprobándolo, ya que muchos delincuentes dicen ser de este país caribeño o de Cuba para evitar ser repatriados.

Tras pasar a disposición judicial, seis de los detenidos han pasado a prisión provisional. Los otros cuatro, entre los que se encuentran dos de las tres mujeres detenidas y el hombre proveedor del material y las herramientas de la banda, han quedado en libertad con cargos. La Policía ha agradecido la estrecha colaboración mantenida con el Juzgado de Instrucción número 12 de Madrid.

La operación ha sido desarrollada por agentes del Grupo XII de la Sección de Delincuencia Especializada de la UDEV de la Brigada de Policía Judicial de Madrid, que ha contado con la colaboración de los GEO.

EL AUTOPROCLAMADO ‘ROBIN HOOD’ DE VALLECAS

Al principio de la investigación, los agentes pensaban que los integrantes de la banda eran grandes expertos en subsuelo o incluso habían trabajado en las alcantarillas madrileñas, ya que conocían la red y soportaban las condiciones que allí hay perfectamente bien.

Sin embargo, luego averiguaron que el líder del grupo era hijo de un conocido atracador de bancos que empleaba el mismo método para perpetrar sus golpes. Durante su infancia había sido instruido por su progenitor para desenvolverse con soltura en la red de alcantarillado y en la forma de atracar. Tras morir su padre en 2008, se erigió como jefe y creó su propia banda.

Según han explicado el jefe policial, el líder se fue convirtiendo en una persona egocéntrica, que quería destacar y mostrar su superioridad al resto del grupo. De hecho, en uno de los robos se proclamó, dentro de la sucursal, como el ‘Robin Hood’ de Vallecas.

Además, en alguna ocasión se hizo pasar por miembro del Rayo Vallecano (en distintos atracos iba con la camiseta del club) y en otra se erigió como autoridad política para inaugurar el agujero por donde salieron del banco.

MODUS OPERANDI

El ‘modus operandi’ de la banda consistía en estudiar el objetivo del robo durante varios días, a los trabajadores y comprobar su red de subsuelo. Para ello utilizaban la furgoneta de la pescadería en la que trabajaba el líder para colocarla encima de la tapa de alcantarilla por la que entraban y luego salían. De hecho, utilizaban ‘poliespan’ para ocultar más sus actos.

Entraban los viernes después de que cerraba la sucursal. Así, tenían todo el fin de semana para comprobar los conductos subterráneos, por los que entraban con los buzos y material de pocero.

Así, realizaban el butrón para subir al banco, de tal forma que el agujero no fuera completo para evitar que saltaran las alarmas. Además, inutilizaban los cajeros de la sucursal para que el lunes repusieran más dinero.

A primera hora del lunes varias personas, entre ellas el líder, accedían a la alcantarilla a la espera de que los ‘aguadores’ les dieran por buscas la información de que había llegado a la oficina el director, momento en el que sabían que apagarían las alarmas. También les avisaban si llevaba la Policía o cualquier otra complicación proveniente del exterior.

Entonces, concluían el butrón oradando el tabique final y entraban en la sucursal. Maniataban si era preciso a los trabajadores e intimidándoles con armas de fuego sustraían el dinero disponible y el de la caja fuerte, que obligaban a abrir.

Si era preciso, llegaban a pegar a los trabajadores para que cumplieran sus órdenes, como ocurrió en el atraco de junio. Dejaban tirados por la red los trajes de pocero, subían a la superficie y se iban en la furgoneta.

La Policía comprobó que la frecuencia delictiva del grupo iba en aumento, porque al principio daban los ‘palos’ cada seis meses, luego cada cuatro y ahora cada dos, ya que el último asalto antes del 26 de agosto había tenido lugar en junio en la calle Alcalá.

Además, habían ampliado la zona de actuación de la avenida de San Diego y de la avenida de la Albufera al Paseo de Delicias, Usera y la calle Alcalá, concretamente en penúltimo ocurrido en la oficina del banco Santander que hay en la confluencia de esta vía con Príncipe de Vergara.

Otro robo muy conocido, y también atribuido a la misma banda, tuvo lugar el lunes posterior a la Semana Santa de 2011, cuando tres individuos entraron a un sucursal bancaria de la calle Delicias a través de  un gran agujero subterráneo excavado desde una alcantarilla de la calle Delicias de Madrid.

Vdieo: http://www.policia.es/videos/wmv/20130902_1.wmv

http://www.europapress.es/sociedad/sucesos-00649/noticia-desmantelan-banda-atracadores-bancos-usaba-alcantarillas-acceder-huir-sucursales-madrid-20130902081658.html

1.- La banda de la cloaca

Las diez técnicas de robo más utilizadas en Madrid

Cuatro asaltantes accedieron a una sucursal del Banco Santander por las alcantarillas

El lunes de la pasada semana, los empleados de una sucursal del Santander situada en el número 74 de la calle de Alcalá se encontraron con una pequeña sorpresa al llegar a su lugar de trabajo: cuatro asaltantes los esperaban dentro, abordándolos y reteniéndolos en el banco.

Los ladrones habían accedido durante la noche por una alcantarilla cercana, desde donde hicieron un butrón al baño de la sucursal. Portaban armas de fuego y un machete. Estuvieron 20 minutos en el interior de la sucursal, y utilizaron bridas para maniatar a los empleados. Afortunadamente, no hubo que lamentar daños, pero los asaltantes escaparon con unos 40.000 euros por el mismo lugar por el que habían entrado, la galería subterránea.

2.- La banda del extintor

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Uno de los golpes más espectaculares de esta organización criminal fue contra la joyería Grassy, en Gran Vía

En octubre de 2012, la Guardia Civil detenía a los ocho miembros de una organización criminal conocida como «la banda del extintor» porque no dudaban a la hora de utilizar este elemento para atemorizar a los testigos e incluso para romper los vidrios de los comercios que robaban.

El líder del clan era Adán Silveira, un vallecano veinteañero conocido como el «Fernando Alonso de los aluniceros», por su temeridad al volante. Fue detenido meses atrás -en junio-, pero el juez lo dejó en libertad, y siguió delinquiendo. A la organización se le imputaron una treintena de robos a joyerías, tiendas de Tous, de telefonía, restaurantes… Muchos de ellos en la Milla de Oro de Madrid.

Uno de los golpes más espectaculares, aunque acabó en intentona, fue en enero del año pasado en la joyería Grassy, de Gran Vía, un sábado por la mañana. Ante la estupefacción de viandantes y empleados, la banda empotró dos coches contra el conocido establecimiento, pero las altas medidas de seguridad abortaron el robo y tuvieron que huir. También se les acusó de robar 20 coches de alta gama, con los que cometían los «palos», entre los que hay numerosos BMW.

3.- Los amigos de Belén Esteban

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Un mando policial enseña a la delegada del Gobierno en Madrid Cristina Cifuentes un aparato utilizado en el oxicorte

La técnica del oxicorte lo que hace es remover el metal por una reacción química del oxígeno con el metal a elevadas temperaturas. Para mantener la temperatura se quema en oxígeno una llama de gascombustible. El oxicorte se utiliza sobre todo para asaltar cajeros automáticos. También, como en el caso de los amigos de Paracuellos de Belén Esteban, para supuestamente reventar joyerías.

Los grandes especialistas en este método consiguen abrir con un soplete el cajero, manteniendo a su vez los billete intactos. En España estos expertos incluso son contratados por bandas diferentes para llevar a cabo sus «palos».

4.- «El Taca», el rey de la lanza térmica

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Así quedó una cámara acorazada después de un asalto con lanza térmica

El año pasado, cuando fue detenido, «el Taca» poseía una importante fortuna: cuatro propiedades en diferentes partes de España, una cantidad de joyas considerable, relojes de gran valor y varios ordenadores, además de un plano con todas las joyerías de Valencia.

Es el rey de la lanza térmica. Esta herramienta es un tubo de hierro relleno de un haz de varillas de hierro enriquecido con silicio -para canalizar el flujo de oxígeno-, que se acopla, mediante un soporte con válvula, a una fuente de suministro de oxígeno a presión -bombonas-.

El extremo de una lanza térmica puede alcanzar temperaturas de 4.000 a 5.000 grados, por lo que derrite cualquier metal como si de mantquilla se tratase. Se utiliza sobre todo para asaltar cajas fuertes.

5.- El «Spiderman» de los hoteles

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El «Spiderman» de los hoteles utilizaba para robar su habilidad para trepar

El chileno Raúl Alberto Vega Fernández, de 59 años y residente en la capital, se ha ganado a fuerza de hurtos el sobrenombre de «Spiderman», gracias a su habilidad para trepar, forzar las ventanas y entrar en las habitaciones para hacerse con todo lo que encontraba de valor.

Fue detenido a finales de marzo y su modus operandi siempre era el mismo. Se vestía de manera impecable, con traje y gabardina. Así lograba pasar por delante de la recepción sin llamar la atención. Buscaba el lugar donde están las escaleras de emergencia y trepaba hasta llegar a las ventanas, que forzaba. Esa fue presuntamente su manera de actuar en los hoteles NH Zurbano y el Catalonia de Goya.

Otro de los detalles curiosos de este delincuente es que no es novato en estas lides. En la hemeroteca de ABC consta otra de sus detenciones, nada menos que de 1990, cuando tenía 36 años. Entonces, cayó con dos compinches, un chileno y una española, tras haber desvalijado la habitación de dos diseñadores en un hotel del paseo de las Delicias: se recuperaron 15.000 euros en joyas.

6.- El butrón, a la última

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Así quedó la pared de una joyería situada en la calle La Laguna, número 44, de Madrid tras un robo por la técnica del butrón

La técnica del butrón se ha puesto de moda ante las cada vez más medidas de seguridad de muchos comercios. El butrón trata, simple y llanamente, de reventar alguna de las paredes de estos establecimientos para acceder a ellos.

El butronero más voraz de los últimos tiempos, con el permiso de Cásper, es el «Niño Sáez». Con 32 años y criado en Villaverde, este profesional de la delincuencia ya acumula cerca de 40 antecedentes por robo. Uno de los más sonados es el robo de 140 kilos de droga del almacén oficial de Málaga, último hecho por el que se le ha detenido y encarcelado.

7.- Alunizajes, la antesala del gran delito

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Las joyerías son el blanco preferido para los porfesionales de los alunizajes

El alunizaje es la técnica más habitual para asaltar casi todo tipo de comercios. Consiste en estrellar un coche contra el escaparate, atravesar el cristal y, una vez dentro, tratar de robar todos los objetos de valor en el mínimo tiempo posible para así salir pitando antes de que la policía acuda al lugar del delito.

A principios del año pasado, la Guardia Civil realizó una macrooperación en Madrid contra los profesionales del alunizaje. Detuvo a 27 personas, en el marco de la «Operación Olímpica», y recuperó diamantes, 32 kilos de oro, armas, 1,4 kilos de cocaína y casi un millón de euros en metalico.

Cuando llevan tiempo actuando por este método, pueden «profesionalizarse» y pasarse a robos más cuantiosos, como los butrones a joyerías.

8.- «Policías ful»: falsos agentes de la Ley

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Los falsos policías suelen ser paquistaníes

El último en sufrir un robo por delincuentes que se hacían pasar por policías ha sido Juan José Hidalgo, presidente de Globalia, la semana pasada. Hidalgo se encontraba en el garaje de la sede de su compañía, en Pozuelo de Alarcón, cuando tres personas, que se identificaron como policías, le rociaron a continuación la cara con spray -también a sus dos acompañantes-, le robaron el maletín que portaba y se dieron a la fuga.

Aunque no es el caso de los asaltantes al presidente de Globalia, normalmente los falsos policías suelen ser paquistaníes. Seleccionan a sus víctimas en gasolineras y les siguen durante un rato hasta que les dan el alto bajo la excusa de que les van a hacer un registro antidrogas. Es entonces cuando proceden a desvalijarles. En algún caso, los asaltantes han sacado un carnet tan falso que portaba un escudo del Real Madrid.

9.- El «clan de las Bosnias», las carteristas más famosas del Metro

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«El clan de las Bosnias» se mueve por las estaciones más concurridas, para aprovechar las grandes aglomeraciones

Tuvieron que acumular 330 antecedentes en diez años de actuación para que el Ayuntamiento de Madrid tomara medidas: prohibición absoulta de acceder al Metro. Esta medida, sin embargo, ha sido revocada judicialmente. Ahora se investiga si tras su exposición mediática se han «mudado» al suburbano de Barcelona, para seguir haciendo de las suyas.

El modo de actuar que utilizaban las cinco delincuentes del clan siempre era el mismo. Se desplazaban desde Leganés hasta las estaciones más frecuentadas de la ciudad, donde intentaban pasar desapercibidas simulando ser turistas. Elegían los días en los que se celebraban en el centro de la capital actos a los que solían acudir gran cantidad de personas, como partidos de fútbol, conciertos o manifestaciones.

Una vez que habían seleccionado a su víctima, casi siempre cargada con maletas o mochila, ponían en práctica diferentes técnicas para cometer los hurtos. Una de ellas es la conocida como el «método del tapón». Aprovechaban la subida o descenso de los viajeros de los vagones, al tiempo que varias de las arrestadas usaban su propio cuerpo para propiciar una leve aglomeración de personas.

En todos los casos, y una vez con la cartera en su poder, una de ellas abandonaba el lugar rápidamente utilizando una chaqueta o periódico a modo de «muleta» para esconder el objeto sustraído. Cuando se consideraba fuera de peligro cogía el dinero y se deshacía de la cartera, arrojándola a una papelera o por el hueco del ascensor. Finalmente, de forma inmediata, repartía el beneficio obtenido con el resto.

Desde que abandonaron la capital los hurtos en el Metro de Madrid descendieron un 40 por ciento.

10.- «Estranguladores» a las puertas de los garitos

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Los delincuentes que utilizan la técnica del estrangulamiento prefieren actuar de noche

Como ocurre con los carteristas, los delincuentes que utilizan el método del mataleón o estrangulamiento se mueven por las zonas de más afluencia de turistas: Malasaña, Gran Vía, Chueca, Lavapiés o Tirso de Molina. Su técnica es sencilla y violenta a la vez. Se trata de asaltar a la víctima a la salida de discotecas y bares, siempre de noche, y agarrarlas por el cuello con los antebrazos. Con ello, se logra obstruir dos arterias carótidas y el agredido puede incluso puede perder el conocimiento. A la víctima se le roba todo lo que lleva encima.

A finales del año pasado, la Policía Nacional tomó cartas en el asunto y logró detener a cinco rumanos a los que se les imputaron 23 robos por este método. Luego, se han sucedido más operaciones, en Centro, Moratalaz y otros distritos.

http://www.abc.es/local-madrid/20130619/abci-robos-moda-madrid-201306181321_1.html

Dicen que el tiro que acabó con la vida de Estela Calduch fue accidental. Bueno, lo dicen los investigadores: para Ana Costa, la abogada de la familia, no hay nada de accidental desde el momento en que el atracador llevaba un arma «cargada y perfectamente preparada para ser disparada, lo que revela la intención de usarla». Es posible que hubiese cierto grado de infortunio en la tragedia, pero la verdadera mala suerte fue que la banda escogiese la sucursal del Santander en Cambrils (Tarragona) para su último golpe.

Fue el 25 de octubre de 2010, lunes. Aún no eran las nueve de la mañana cuando un tipo con pinta rara entró en la oficina, solo un momento antes de que lo hiciera su compinche, que parecía comprobar que todo estuviese despejado fuera. Era evidente que iban disfrazados: el primero, con peluca y barba de pega; el otro, con bigote, gafas y visera. Lo más probable es que los tres empleados comprendieran a qué se enfrentaban incluso antes de que los asaltantes exigiesen a voces el dinero y sacasen el revólver. Hacía un par de años que otros como ellos habían pasado por allí y todos sabían que era mejor obedecer.

Estela se encontraba en ese momento en la ventanilla de caja. Habitualmente atendía al público en otra zona sin cristal blindado por medio, pero el atraco la sorprendió allí. Ni siquiera le dio tiempo a cumplir las órdenes de los asaltantes. Uno de ellos introdujo la pistola por la bandeja de seguridad, quizás para que se diera más prisa, y apretó el gatillo. La bala alcanzó en el cuello a la cajera, que murió en medio de un enorme charco de sangre. Tenía 25 años.

Todos a la calle

Hace quince días, la Audiencia de Tarragona dejaba libre a Manuel Amancio Álvarez, ‘Josu’ –también apodado ‘el Bravo’–, vecino de Castro Urdiales y presunto autor de aquel disparo mortal. Cumplidos dos años de prisión provisional, durante los cuales apenas ha avanzado la instrucción del caso, este baracaldés de 44 años era el único componente de la banda que permanecía encerrado: el resto había ido saliendo por goteo según se iba consumiendo el plazo máximo de prisión preventiva sin que se llegase a celebrar el juicio.

La puesta en libertad de Josu ha causado la lógica indignación de familiares y amigos de la víctima y, como suele ocurrir en estos casos, también ha provocado una avalancha de comentarios incendiarios y agrias críticas a la Justicia. Ha sido, según la abogada Ana Costa, una «sorpresa», pues confiaba en que, dada la gravedad de los delitos que se le imputan –participación en robo con intimidación, homicidio, tenencia de armas y asociación ilícita–, la sala accediese a prorrogar su estancia en la cárcel.

Más allá de lo acertado o no de la decisión del tribunal, su liberación ha sacado a la luz las miserias del juzgado que lleva el proceso –el de instrucción número 3 de Reus–. El fiscal jefe de Tarragona, Javier Tou, quien lamentó la tardanza injustificada que ha provocado la liberación del delincuente, apuntó dos posibles causas de la demora. En primer lugar, el volumen del caso, con tal cantidad de atracos que multiplica las diligencias a practicar. El segundo motivo se refiere al propio funcionamiento del juzgado, con «mucha movilidad de funcionarios y jueces».

«Este procedimiento, que lleva dos años y medio de instrucción, ha pasado por cuatro jueces», subraya Ana Costa. «Ello supone que cada nuevo juez que llega se encuentra con la obligación de conocer un voluminoso y complejo procedimiento, antes de poder resolver cualquier petición o la práctica de diligencias».

Para Josep Antoni Rodríguez, portavoz de Jueces para la Democracia en Cataluña, se trata de una situación «anómala» que prueba el «colapso» en la administración de una Justicia que ve empeorar con hechos así la imagen que de ella tienen los ciudadanos. No obstante, matiza que la rabia por lo sucedido debería ceñirse a que, transcurridos dos años, no se haya avanzado. «Que una persona pendiente de juicio salga en libertad condicional cumplido el plazo, no me parece motivo de indignación en un Estado democrático», pues, explica, la prisión provisional no debe interpretarse como un anticipo de una pena posterior.

Resulta chocante, en cualquier caso, que los «peligrosos delincuentes» de la banda de atracadores más activa e importante de España –así la calificaron las autoridades durante la operación policial en la que fueron detenidos–, no estén ya encerrados por falta de agilidad en los juzgados.

Un vecino más

Fuentes policiales han confirmado que Josu, tras abandonar la prisión, ha regresado a Castro, donde reside junto a su pareja: se encuentra «controlado y localizado» y pasa completamente inadvertido en la localidad. Se le ha retirado el pasaporte –tiene prohibido abandonar el país– y debe presentarse diariamente ante el juez. Son las medidas cautelares impuestas mientras se investiga su participación en 24 atracos –acreditada al menos en 19 de ellos–, una intensa actividad delictiva que nunca despertó las sospechas de sus vecinos. A eso contribuyó su doble vida: regentaba un restaurante en Bilbao –Aritz– con el que, supuestamente, disimulaba sus ganancias ilícitas.

A la familia de Estela Calduch no le queda otro remedio que resignarse a esperar. «No puede más que acatar las decisiones de los tribunales y confiar en que apliquen la ley a quienes han cometido tan graves delitos», reconoce Costa. Sabe que es un pobre consuelo. «El daño que se les ha causado no podrá ser reparado jamás».

http://www.elcorreo.com/vizcaya/20130520/mas-actualidad/sociedad/disfraz-tipo-peligroso-201305151827.html

Con gorra, Nando, jefe de los Black Panthers, y otro miembro de la banda

Era martes. Vicente había viajado a Barcelona para ver a su familia. Hacía tiempo que no visitaba la ciudad. Se había ido dos años antes, y de malas formas. Las cosas en a banda no le iban demasiado bien, creía que trabajaba mucho para ser uno de los jefes de los Black Panthers y que ganaba poco. Así que un viernes, el día de las reuniones semanales, se fugó con las cuotas de los miembros y la recaudación por la venta de drogas, unos 4.000 euros en total. Sabía que desde entonces estaba “en busca, en espera de mocha”, que es el cartel que los panteras cuelgan a los traidores que rompen su juramento de sangre; que querían matarle, vaya, pero ya hacía mucho y Vicente se había ido relajando. Aquel día había conocido a dos chicas y decidió ir a cenar al Tropicalísimo, un restaurante latino, como muchos otros, frecuentado por todo tipo de gente.

Pero ese martes un soldado —un miembro de base de los panteras— le vio. “Tengo la oveja negra que estás buscando”, informó por el móvil a uno de los jefes de la banda. Vicente no se dio cuenta de que lo habían localizado. Seguía en la mesa, comiendo con las dos mujeres, cuando atisbó a lo lejos las figuras que se dirigían hacia él. Palideció. Nando, el temido jefe de los Black Panthers, junto a sus dos hombres de confianza, Ezequiel y Manuel, acababa de cruzar la puerta. “¿Te vienes con nosotros o te hacemos el estropicio aquí?”, le sugirieron. “Ya salgo”, contestó, y se dirigió al camarero. En alto, le dijo: “Cóbrame, que me tengo que ir”, y luego le susurró: “Pero llama a la policía que me van a matar”. El camarero no lo hizo. “¿Una salida de emergencias?”, suplicó, pero tampoco tuvo suerte. Vicente abandonó el restaurante temiéndose lo peor.

Nando, el jefe supremo, el máxima de los panteras, y sus dos subordinados, los supremas, Ezequiel y Manuel, habían ido a buscarle en una furgoneta cargada con martillos y macetas. “¿Nos llevamos la tola?”, habían discutido un poco antes sobre si cargar la pistola, que al final no cogieron. Le esperarían fuera, le meterían en la furgoneta y se lo llevarían a un descampado. Pero al salir, Vicente vio otra furgoneta que le hizo correr más aún: la de los Mossos d’Esquadra. El joven, de menos de 30 años, se echó, casi literalmente, encima, recuerda un agente que se encontraba allí.

El encuentro no fue una casualidad. La policía catalana llevaba casi cuatro meses investigando la banda, arraigada en Cataluña y en Zaragoza. Tenían los teléfonos pinchados de todos y oyeron en directo (por suerte no dejaron las escuchas para la mañana siguiente) cómo el grupo había localizado a Vicente y se disponía a aplicarle el Código 61: el asesinato al que traiciona las normas de los Panthers. Querían “darle unas vacaciones”, recuerdan los investigadores que repetían por el móvil sin ninguna compasión.

“Habían preparado una vigilancia como las que hacemos nosotros”, recuerda el jefe de la Unidad de Bandas de la policía catalana. Con pasamontañas negros, varios panteras se habían repartido por los alrededores del Tropicalísima. Ocurrió el pasado 15 de enero. La policía fingió una identificación casual a Nando, de 37 años, y los suyos, para evitar que matasen a Vicente. La investigación no estaba suficientemente madura como para detenerles, y la venganza les había pillado por sorpresa.

Y coló. “Cuando nos vio se quedó español, el pana”, bromearon luego por teléfono Nando y los demás sobre lo blanco que se volvió su excompañero cuando se acercaron a él en el restaurante. Pero Vicente, que en realidad es un nombre ficticio, pasó a ser un testigo protegido de los Mossos d’Esquadra, que alargaron la investigación un mes más. El pasado 19 de febrero, a las cinco y media de la mañana, los agentes del GEI, el cuerpo de élite de la policía catalana, entraron en casa de Nando, que dormía en su piso del número 17 de la calle de Cedres, en Esplugues de Llobregat. No se resistió, ni supuso un peligro para los policías, que en ese momento entraban simultáneamente en 22 domicilios más. En total, 31 personas fueron detenidas; y de estas, 24 entraron en prisión. Los mossos están convencidos de que, al menos por un tiempo, han desterrado a los Black Panthers de España en una de las mayores operaciones contra pandilleros. Es una de las primeras veces que se le imputa crimen organizado a una banda latina. El juez les acusa además de traficar con drogas y armas, de amenazas graves y coacciones, de detención ilegal y de intento de homicidio.

Hace 11 años que Nando, Fernando Cuello Arias, llegó de República Dominicana con su familia a L’Hospitalet de Llobregat, una ciudad con 257.000 habitantes que linda con Barcelona. Su carisma, su bravura, le hicieron ganarse a la gente, cuentan los investigadores. En la banda se le conoce como El Nueve, que en código de los Black Panthers significa “el problema”. Con pendientes, collares y anillos dorados, y tatuajes por todo el cuerpo, Nando se dedicó a hablar con los jóvenes dominicanos que se reunían en las plazas del extrarradio de Barcelona, les convenció de la importancia de la nación —la comunidad de los Black Panthers— y les ofreció protección y lealtad a cambio del compromiso eterno de seguir en la banda y cumplir sus reglas y códigos.

Durante los primeros años se disputó el liderazgo de los panteras con otro de los fundadores. Pero logró encumbrarse después de intentar matar a un joven. Ocurrió en 2005, en una plaza en la que la banda luchaba con un grupo de marroquíes por el tráfico de drogas, hasta que decidieron “hacer bloque”, es decir, quedarse con la zona, por las malas. “Esto es territorio de Pantera, moro de mierda”, contó la víctima que le dijeron antes de asestarle cinco cuchilladas. Nando y dos de sus subordinados entraron en prisión por intento de homicidio.

Desde la cárcel, Nando siguió, presuntamente, manejando las riendas de la banda, que contaba con medio centenar de miembros. Pero decidió darle un giro. “Inculcó que el grupo dejase de hacer caídas [ir a buscar a una banda enemiga para ajustar cuentas] y de pelearse” en público, explica el jefe de la Unidad de Bandas. Dentro de esa lógica de discreción, eligieron una cueva, escondida en una montaña de Montcada i Reixach, para castigar a los panteras que no cumplían las normas. Perder el documento con los códigos de la banda, por ejemplo, suponía recibir 400 tablazos.

El tráfico de drogas se convirtió a partir de entonces en su principal actividad, según la policía. Nando está acusado de imponer un sistema de narcomenudeo de hachís y marihuana. Los supremas y él —cuando sale de prisión en 2011— recibían la droga en su casa. Ellos, a su vez, se la pasaban a los jefes de los cinco bloques de los Black Panthers: el de Barcelona, el de Badal, La Florida o Santa Eulalia (barrios de L’Hospitalet) y el de Zaragoza. Cada uno de ellos lo dirigía un estrella de bloque, que pasaba la droga a sus soldados, que la vendían en la calle, y a los guerreros, encargados de impartir la disciplina del grupo. Los viernes, los distintos bloques se reunían; cada miembro entregaba lo que había ganado con la venta de drogas y pagaba además su cuota semanal, de 20 o 30 euros. “Es un sistema tremendamente injusto, casi todo iba para los supremas y el máxima. La base no tenía para vivir”, explica un inspector de los mossos. “Tengo hambre, lo tengo que dar todo, no tengo ni para comer”, llegaron a escuchar a través de los pinchazos.

¿Te vienes con nosotros o te hacemos el estropicio aquí?”, sugirió Nando, el jefe de la pandilla, al desertor

Eran inflexibles con la recaudación. Según los mossos, si castigaban la deserción era porque dejaban de recibir la cuota semanal del socio. Y esa avaricia fue su talón de Aquiles y el punto de arranque de la investigación. En septiembre de 2012, Ezequiel —de 28 años, bajito y rechoncho, mano derecha de Nando— ordenó supuestamente a un guerrero que apuñalase en el cuello a un miembro de la nación que había dejado el grupo. Pero cuando llegó el momento, el guerrero no se atrevió y decidió abandonar la banda. Por lo que él también dejó de asistir a las reuniones, dejó de pagar su cuota semanal y dejó de vender drogas para Nando y lo suyos. Algo que no cayó en gracia. Una tarde le secuestraron, le llevaron a un descampado, le pusieron de rodillas y le amenazaron: “Tienes un compromiso de sangre, y tienes que pagar las cuotas”. No hacerlo significaba la muerte. Al verse allí, con las rodillas clavadas en el suelo, recibiendo la disciplina que él había impartido tantas veces, el guerrero supo que aquello no iba en broma. Tenía dos opciones: o se iba de Cataluña o acudía a la policía. Eligió la segunda, y les dio a los mossos el hilo del que tirar.

Durante casi medio año la policía se dedicó a vigilar y escuchar. Veía a los sospechosos salir y entrar a sus casas quincenalmente con bolsas de basuras llenas de marihuana; vender en las calles, en las plazas, en la puerta de los colegios; frecuentar pisos…

Nando, supuestamente, usó también sus contactos en prisión, donde se dedicaban a introducir droga en los encuentros vis a vis. Los enfrentamientos se limitaron a altercados y desórdenes en el barrio de La Florida, en L’Hospitalet, donde algunos panteras se vieron involucrados en batallas campales con la policía. En las entradas y registros, los mossos encontraron cinco armas cortas, munición y armas de fabricación casera. Uno de los detenidos acumulaba 300 identificaciones; otro, 180… Por los teléfonos empezaban a hablar de traficar con cocaína, falsificar permisos de conducir… Incluso a uno de los supremas le habían sorprendido traficando con heroína. Los mossos están convencidos de que desarticularon el grupo justo a tiempo. Ellos guardan silencio. Ninguno declaró ante la policía. Tampoco ante el juez.

Cae la cúpula de los Black Panthers en una macrooperación en Cataluña (19/02/2013)

http://politica.elpais.com/politica/2013/03/22/actualidad/1363980128_071011.html

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Las cámaras del metro graban a las cinco entrando por los tornos de esta estación. Luego, una de ellas, con sudadera blanca, hace tapón entre la víctima y la otra delincuente para robar. Más adelante, se ve cómo se cambian de vagón tras sustraer algo.

El titular del Juzgado de Instrucción número 48 de Madrid ha dictado una novedosa medida cautelar: ha prohibido a las integrantes de un conocido clan de carteristas, apodadas Las Bosnias porque todas son de esta nacionalidad, acceder o acercarse a las estaciones de metro. Esta medida, que ya ha sido adoptada por magistrados de Barcelona, se toma ahora por primera vez en la capital después de que el grupo fuera desarticulado.

Se las considera las carteristas más activas y veteranas de la capital, ya que llevan más de 10 años dedicadas a cometer hurtos en las estaciones más frecuentadas por turistas. Entre las cinco componentes de la banda suman más de 330 detenciones, en su mayoría por hurtos. Solo una acumula más de 80 y otra ya fue cazada en 1998 en Barcelona.

La forma de actuar de este grupo era siempre la misma. Se desplazaban desde su lugar de residencia, en Leganés, hasta las paradas de metro más frecuentadas, donde intentaban no ser detectadas por la policía. Para ello, simulaban ser turistas e iban bien vestidas. Pero no solo les gustaba el metro. También acudían a grandes eventos como partidos de fútbol, conciertos y manifestaciones, donde empleaban diversos métodos para cometer los hurtos.

Los papeles entre las cinco estaban bien definidos y repartidos. La líder y más veterana del grupo, Raifa I., de 30 años, se encarga de distribuir las zonas de los robos y de marcar a las víctimas. Justo debajo está Zahida I., de 36, que sustraía o picaba las carteras. Las otras tres mujeres se dedicaban a distraer a la víctima o de tapar a su compañera para que nadie las viera.

Uno de sus métodos favoritos de robo es el denominado del tapón (el que se ve en el vídeo). Aprovechaban la subida o bajada de viajeros para hacer una pequeña aglomeración y proceder al robo. Otras veces, esperaban a que algún viajero subiera las escaleras y, al ir cargado con el equipaje, descuidara sus pertenencias. Utilizaba para robarle la muleta (un periódico o una chaqueta). Una vez que tenían la cartera, una de ellas abandonaba el lugar. Ya fuera del peligro y en un lugar tranquilo, cogía el dinero y arrojaba la cartera a una papelera o por el hueco del ascensor. Después repartía el dinero entre sus compinches.

La policía explica por qué estaban en la calle a pesar de tantas detenciones: comenten robos menores y sin violencia. “La falta de hurto tiene ‘pena cero’, no se las puede ni detener. Para que sea delito de hurto, se las pueda arrestar y llevarlas ante el juez, tienen que haber sustraído más de 400 euros”, señala una portavoz. Habitualmente, este tipo de carteristas va documentado, así que cuando se les sorprende con las manos en la masa, se les identifica y se les cita para un juicio de faltas, al que si quieren acuden y si no, no. En el juicio se les impone una multa que no suelen pagar porque se declaran insolventes.

Esta vez se las ha logrado detener porque, debido al gran reguero de faltas que habían dejado, se montó un amplio dispositivo de vigilancia el pasado mes de diciembre, en el que se determinó que actuaban, según la policía, como un grupo criminal organizado y jerarquizado. La pena por este delito es de tres a seis años al organizador y de dos a cinco para los integrantes.

El arresto de Las Bosnias por parte de agentes de la Brigada Móvil de Madrid (dedicada a la vigilancia de trenes, metro y autobuses) se produjo la semana pasada en el metro de Plaza Elíptica, tras varias horas de espera. Se las condujo ante el juez y este ha dictado, a la espera de que se celebre el juicio, las medidas cautelares. La policía explica que, a partir de ahora, si las encuentran en el metro o sus inmediaciones sí que puede arrestarlas por quebrantar de la orden de alejamiento. Antes, a pesar de saber a lo que se dedican, solo se las podía “espantar”.

En 2006, este diario ya contó cómo actuaban Las Bosnias en un reportaje sobre la Estación Sur de Autobuses, donde se producían un centenar de robos al mes, el 30% de ellos superiores a los 400 euros. Las Bosnias, decía esta pieza, “llegan en grupo, empiezan a montar escándalo, a gritar, y acaban envolviendo a alguien que no puede zafarse. Cuando se quiere dar cuenta, le han limpiado la cartera”.

Dos años más tarde, volvía a aparecer esta misma banda en un manual de seguridad de la empresa Prosegur llamado Operativa anticarteristas, en el que se detallaban las técnicas y los tramos del metro con más robos y se dividían a los descuideros por nacionalidades. El documento explicaba que “Las Bosnias se refugian en el metro para cometer sus fechorías”, no se muestran violentas, aunque sí es cierto que en ocasiones han sufrido las iras de los rumanos”, de los que se vengan con un método particular: si los ven en el vagón “roban una cartera, la tiran a los pies de los rumanos y avisan a la víctima”.

http://ccaa.elpais.com/ccaa/2013/02/21/madrid/1361439418_140433.html

El Centro de Lima sigue siendo una de las zonas más peligrosas de nuestra ciudad, en donde la percepción de inseguridad (68,9%) es mayor que la registrada en Trujillo (57,8%), según la “Segunda Encuesta Metropolitana de Victimización 2012”, realizada por la ONG Ciudad Nuestra.

Sin embargo, esta realidad cambiará progresivamente, aseguró la alcaldesa de Lima, Susana Villarán, tras inaugurar el Centro de Control de Operaciones (Cecop), que ya recibe las imágenes de 500 videocámaras instaladas en puntos estratégicos de Lima.

Monitoreo. Desde aquí se vigilarán los robos, asaltos y faltas de tránsito en diversas zonas de nuestra capital.

“Las imágenes nos permiten conocer en tiempo real el momento en que se está produciendo un asalto o un accidente, para proceder a la detención de los delincuentes o identificar a los propietarios de los vehículos a través de la placa del carro”, explicó.

Agregó que dichas imágenes servirán, igualmente, como prueba de la flagrancia del delito para que el Ministerio Público formule las denuncias que considere conveniente.

Lo importante de este sistema de videovigilancia es que todos los actos delictivos se visualizarán en tiempo real en la Cecop, en Cantagallo, que está interconectada a la policía y el serenazgo, a fin de detener a los delincuentes en flagrante delito. Con esas imágenes, el Ministerio Público también podrá formular sus denuncias.

En zonas estratégicas

Las cámaras están instaladas a lo largo del recorrido del Metropolitano, desde Matellini (en Chorrillos) hasta El Naranjal (en Los Olivos); y en diversas zonas del Centro de Lima como las avenidas Abancay, Tacna y Emancipación.

También están ubicadas en las calles de mayor tránsito, en la jurisdicción de la Gerencia de Transporte Urbano y algunas otras están operativas en otros distritos de Lima como Miraflores.

“Muy pronto se sumarán otras 140 cámaras de vigilancia, que serán instaladas en otras zonas de alta peligrosidad. Lima ha invertido 12 millones de soles en seguridad ciudadana”, manifestó Gabriel Prado, gerente de Seguridad Ciudadana de la comuna limeña.

Piden integrarlas

La alcaldesa también se refirió a la inseguridad en otros distritos. Hay que recordar que los más inseguros de Lima son: El Rímac, El Agustino, Villa El Salvador, Los Olivos, San Juan de Lurigancho y La Victoria, donde se registran, según la policía, 5 delitos criminales cada 30 minutos.

Ante este panorama, Susana Villarán hizo un llamado a los alcaldes distritales, a fin de integrar las videocámaras que han instalado en sus jurisdicciones. La idea es realizar un trabajo sincronizado y ayuda mutua entre comunas.

“Invito a todos los alcaldes para que se integren a esta gran red, que no demanda mucha inversión, y actuemos unidos, junto con la Policía y el Ministerio Público, contra la delincuencia en las calles. Ya hemos tenido conversaciones y creo que Miraflores y La Molina serán los primeros”.

Al Cecop se podría sumar las 30 cámaras de videovigilancia de la Municipalidad de San Juan de Miraflores.

De vacaciones

Sobre el alza de los pasajes del Metropolitano, la comuna limeña informó que las conversaciones con los consorcios se han suspendido hasta enero próximo debido a que sus gerentes están de vacaciones en el extranjero.

El descontento aumenta, pues el alza ha afectado al 75% de los usuarios del servicio troncal.
A raíz del aumento el número de pasajeros se ha reducido de 350 mil a 230 mil.

http://www.larepublica.pe/19-12-2012/500-camaras-de-videovigilancia-ya-operan-en-lima-contra-la-delincuencia